Scopaesthesia
Escuchas un ruido en el pasillo. Te asomas a mirar, siempre con temeridad de tener compañía. Llegas a la esquina y observas con claridad el pasillo vacío.
- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? –
preguntas, esperando que no haya respuesta – Habrá sido el viento – añades con
el objetivo de consolarte, y, sin embargo, ¿Por qué sigues hablando en voz
alta? ¿Acaso lo haces de verdad para tranquilizarte, o quizás es porque algo
dentro de ti sabe que no tienes razón?
Un escalofrío te recorre la
espalda al rondar este pensamiento. Estás en soledad. Lo sabes, has comprobado
cada puerta y cada ventana, cada pasillo y cada habitación, y aun así tienes
este sentimiento de inquietud del que no puedes deshacerte. Sientes unos ojos
clavándose en tu nuca a pesar de estar de espaldas a una pared. El pulso se te
acelera con solo pensar en la posibilidad de que verdaderamente haya alguien, o
peor aún, algo contigo en el edificio.
Piensas en todas las
posibilidades, en cada ente que puede esconderse en cada sombra. Contemplas las
opciones que pueden darse, considerando incluso las más sobrenaturales de
ellas, como fantasmas, monstruos y todo lo que tu mente sobreestimulada con
adrenalina puede llegar a pensar. Los
nervios te traicionan, ves movimientos en la periferia de tu visión, cada
sombra es sospechosa, y, en cambio, nada te ha atacado. Aún.
Decides levantarte de nuevo, dar
otra vuelta, asegurar cada pestillo y cerradura, no dejar ninguna ventana
abierta, tenga reja o no. Escuchas pasos a tus espaldas, te giras con rapidez
para ver, de nuevo, un pasillo vacío que se extiende ante ti.
- Me lo habré imaginado – Vuelves
a romper el silencio con tus palabras –. Habrá sido el eco de mis propios
pasos.
Tus palabras denotan una
intranquilidad creciente. Apenas tuviste la fuerza para decirlas en alto, y
sigues cuestionándote por qué hablas en voz alta. Intentas calmarte, respirar y
no moverte para poder escuchar mejor, pero lo único que escuchas es tu propia
respiración y la sangre bombeando en tus oídos.
Decides ir al baño. Te enjuagas
la cara en el lavabo y te miras al espejo, deseando que no haya nada detrás,
que tu reflejo no se mueva de manera extraña, y por un instante te alivia que
así sea. “Ha sido suficiente por un día”, piensas, mientras te terminas de
lavar los dientes.
Vuelves al sillón. El cansancio se acumula en tu cuerpo y los párpados te pesan desde hace un tiempo, pero la adrenalina y el cortisol no permiten que duermas todavía. Tu mente aún está demasiado exaltada, pero poco a poco vas cayendo en el sueño. Sabes que no hay peligro, revisaste la casa un centenar de veces. Al fin Morfeo te recoge en sus brazos. Estás a salvo. ¿Verdad?
Bienvenido sean de nuevo a mi humilde chimenea. Lamento haberlos tenido esperando tanto tiempo, no tenía ni los ánimos ni la inspiración suficiente para sentarme a escribir, pero poco a poco estoy volviendo a hacerlo, así que voy a ir subiendo los relatos que he ido escribiendo, tanto este como otros relacionados con partidas de rol.
Así que pasen de nuevo, cojan su taza de chocolate caliente y pónganse cómodos al amparo de la chimenea.
Comentarios
Publicar un comentario